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Recomiendan usar nuevas drogas para la diabetes en pacientes con insuficiencia cardíaca

La insuficiencia cardíaca (IC) y la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) son dos de las patologías más frecuentes en la población adulta. En Argentina, el 12,7% de los mayores de 18 años vive con diabetes y la insuficiencia cardíaca (IC) es la primera causa de muerte cardiovascular. Se trata de enfermedades estrechamente vinculadas: la presencia de una predispone y agrava el desarrollo de la otra. Esa fuerte asociación sumó en los últimos años un eslabón desde lo terapéutico: la nueva generación de medicamentos para la diabetes tipo 2 demostró beneficios para el corazón, por lo que especialistas de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y la Federación Argentina de Cardiología (FAC) elaboraron un documento con recomendaciones para su uso en pacientes con insuficiencia cardíaca.

El documento se basa en la evidencia recogida en ensayos clínicos que muestran que las nuevas drogas para el tratamiento de la diabetes tipo 2 (DM2), denominadas iSGLT2 (como la empagliflozina, la canagliflozina y la dapagliflozina), demostraron reducir tanto la hospitalización como la mortalidad en pacientes cardíacos con y sin diabetes.

Un vínculo estrecho
«Como la insuficiencia cardíaca es una enfermedad de la gente grande, esta afección puede estar presente junto con otros problemas de salud al mismo tiempo, uno de ellos es la diabetes tipo 2. Ambas enfermedades tienen mecanismos fisiológicos en común y además comparten factores de riesgo, lo que hace que muchas personas tengan las dos patologías a la vez, de hecho, más o menos el 40% de personas con insuficiencia cardíaca tiene diabetes y otro tanto ya presenta exceso de glucosa en sangre o aún no recibió diagnóstico de su diabetes. Solamente un 20% de personas con insuficiencia cardíaca tiene un metabolismo normal del azúcar, el resto presenta algún tipo de trastorno», explica el cardiólogo Enrique Fairman.

Fairman es miembro del comité organizador del 46° Congreso Argentino de Cardiología -que se desarrollará en forma virtual del 19 al 21 de noviembre-, evento en el que se presentará oficialmente el documento con la toma de posición titulado «Recomendaciones para el manejo de los pacientes con insuficiencia cardíaca. Uso de nuevas drogas antidiabéticas en Insuficiencia Cardíaca».

El síntoma más importante de la IC es la falta de aire, que es el que mayoritariamente lleva a la gente a la consulta médica. A eso se suma la retención de líquido que provoca edema en las piernas, el mismo edema que a nivel pulmonar produce la falta de aire. También pueden aparecer tos y una disminución en la cantidad de orina diaria.

«Si la persona con insuficiencia cardíaca también tiene diabetes, presenta mucho más riesgo de mortalidad, y viceversa. A su vez, el individuo con IC tiene más riesgo de desarrollar diabetes que uno que no. La principal causa de muerte en las personas diabéticas es cardiovascular, las guías de diabetes y enfermedad cardiovascular ponen mucho énfasis en la importancia de que las personas con diabetes se hagan controles cardiovasculares», añadió Fairman. Las personas que viven con DM2 presentan más del doble de riesgo (112%) de sufrir IC en comparación con la población general.

El pronóstico de las personas con insuficiencia cardíaca cambió en las tres últimas décadas, porque se desarrollaron drogas que prolongan la vida. La cardióloga Mirta Diez, también organizadora del congreso, apunta que el último avance tiene que ver con la familia de drogas iSGLT2 o «glifozinas», que se diseñaron para el tratamiento de la diabetes, pero que demostraron que no sólo eran seguras desde el punto de vista cardiovascular, sino que además reducían la tasa de hospitalización y de mortalidad de las personas con insuficiencia cardíaca diabéticas y no diabéticas.

«Esto generó un entrecruzamiento muy profundo entre la diabetes y la insuficiencia cardíaca, porque son enfermedades comunes que pueden coexistir y donde cada una predispone al desarrollo de la otra; ahora -además- tienen tratamientos comunes. Lo que se vio es que la hospitalización se reduce en promedio un 30% y la mortalidad en pacientes con IC con y sin diabetes baja un 14%», sumó Fairman.

El médico señaló que hay dos grandes estudios que mostraron esto, uno llamado DAPA-HF, que tuvo la característica distintiva de evaluar por primera vez una droga antidiabética, la dapaglifozina, como tratamiento de la insuficiencia cardíaca en pacientes con y sin diabetes tipo 2, y mostró que se reduce la mortalidad en un 18%. Mientras que otro trabajo, denominado EMPEROR, evidenció reducir la mortalidad en un 8%. Cuando se hace un metaanálisis, donde se incluyen ambos estudios, se ve un promedio de reducción del 14% de la mortalidad cardiovascular y del 13% de la mortalidad por cualquier causa.

Las drogas iSGLT2 reducen la reabsorción de glucosa a nivel renal -un efecto independiente de la acción de la insulina- y favorecen su eliminación a través de la orina. Además, su incidencia sobre la salud cardiovascular se encuentra relacionada con la capacidad de reducir la presión arterial y el peso. Estos fármacos -que están contraindicados en la diabetes tipo 1- pueden utilizarse solos o en combinación con otras drogas, incluida la insulina. Entre los efectos adversos reportados se encuentran la cetoacidosis e infecciones del tracto genitourinario.

«Este grupo de drogas que vienen del campo de la diabetes, mostró mejorar la hospitalización por insuficiencia cardíaca inicialmente en pacientes diabéticos. Los resultados fueron tan contundentes que se probaron en población con IC, con o sin diabetes. En este escenario lograron reducir la muerte cardiovascular y la hospitalización por insuficiencia cardíaca, además de alcanzar efectos beneficiosos sobre la función renal. El impacto clínico es que disponemos de una estrategia de tratamiento adicional para la IC que tiene una mortalidad del 8 al 15% al año según el grado de severidad», manifestó Diez.

Para la especialista, el abordaje de la insuficiencia cardíaca supone dos grandes pilares: por un lado, los pacientes tienen que adherir a medidas higiénico-dietéticas como la restricción de sal, el abandono del tabaco, realizar actividad física regularmente y recibir los grupos de drogas que tienen un beneficio en la mortalidad cardiovascular y la hospitalización por IC, es decir aquellas que enlentecen la progresión de enfermedad. Estos grupos de drogas son las denominadas inhibidores del sistema renina angiotensina (ARNI, iECA o ARA II); los betabloqueantes; los antagonistas del receptor mineralocorticoideo y ahora los iSGLT2.

«Las guías de manejo de la insuficiencia cardíaca y los resultados de los trabajos clínicos nos muestran con alto nivel de evidencia los tratamientos a seguir. Ahora el desafío es trasladar este conocimiento y la evidencia a la población. Se requiere de programas o clínicas de IC que realicen educación a los pacientes, que tengan seguimientos estandarizados y control de la calidad de atención. Por otra parte, sigue siendo un desafío el acceso a la medicación de manera universal», concluyó la cardióloga.

Fuente: 

https://www.msn.com/es-ar/salud/bienestar/recomiendan-usar-nuevas-drogas-para-la-diabetes-en-pacientes-con-insuficiencia-card%C3%ADaca/ar-BB1b6oxa?ocid=msedgntp